¿Seguro que educar en Igualdad al alumnado es básico para tener una sociedad más feliz?
¿Pero de verdad nos creemos que la coeducación es la mejor manera de prevenir la violencia de género?
¿Damos prioridad a la infancia, a los derechos de las niñas y niños?
Soy representante de Igualdad del centro educativo (instituto público) donde realiza segundo de bachiller mi hijo y anteriormente eestudió mi hija. En estos momentos se encuentra en la Universidad.
La educación es un tema que me preocupa. Es fundamental. La implicación de las familias y el trabajo en común con toda la comunidad educativa me parece imprescindible.
Este blog es de masculinidades. (Masculinidades Educativas). La implicación de los varones en todo el proceso está pendiente. Aún es preciso profundizar en muchas cuestiones. Profesorado y familias muchas veces parece que compiten y eso es, en mi modesta opinión, una gran estupidez. Tenemos que trabajar en el mismo lado.
Hablo con numerosos profesores y profesoras.
Ha ocurrido una tragedia que me ha sobrecogido. Por esa razón voy a hacer una novedad y voy a darle paso a una profesora, PILAR SÁNCHEZ LÓPEZ, excepcional docente, implicada y vocacional y buena amiga.
Quiero que sea un humilde homenaje a su oficio, a su labor educadora. Así que hoy quiero que lo cuente ella...
Ha ocurrido una tragedia que me ha sobrecogido. Por esa razón voy a hacer una novedad y voy a darle paso a una profesora, PILAR SÁNCHEZ LÓPEZ, excepcional docente, implicada y vocacional y buena amiga.
Quiero que sea un humilde homenaje a su oficio, a su labor educadora. Así que hoy quiero que lo cuente ella...
LOS SIGNOS DE INTERROGACIÓN
(la gramática y la muerte)
Los inicios de curso son siempre complicados. El
trabajo se acumula, nos cuesta aterrizar, se producen tensiones... Pero aquella
mañana todo dejó de tener importancia. El día empezó con la tremenda noticia
del suicidio de una de nuestras alumnas y nuestros hombros se hundieron bajo el
peso de la tristeza, el absurdo y el dolor.
En estos años hemos llevado a cabo numerosas campañas
destinadas a ello: hemos trabajado el sexismo en las relaciones, en la música,
en el cine; hemos intentado visibilizar a las mujeres en el ámbito de la
cultura; hemos profundizado, y mucho, el tema de los peligros del amor romántico... Nuestros chicos y
chicas a veces se cansan de nuestros rollos, pero otras veces nos sorprende lo
que les cala el mensaje. Siembra, que
algo queda, nos decimos siempre.
Precisamente con la clase de Paola (nombre ficticio),
habíamos trabajado mucho sobre ello. Y su muerte no sólo nos dejó el dolor de
este final sin sentido, sino que además nos cuestionó otros muchos puntos.
La historia de la que nos enteramos por la prensa fue
la siguiente: Paola conoció a un chico en facebook con el que empezó a chatear,
se gustaron y decidieron quedar. Hasta aquí todo normal, a pesar de que muchos
padres y madres ya se estarán echando las manos a la cabeza. Por favor, seamos realistas, ¡estas cosas
suceden! y suceden además no sólo entre nuestros adolescentes, sino entre
adultos como los que estamos leyendo esto. Mujeres y hombres que buscan una
nueva relación o sólo pasar el rato, da igual. La realidad es que existe y no
podemos cerrar los ojos. Evidentemente los adultos tenemos mucho más criterio
(no siempre) y experiencia para saber a
lo que nos exponemos y decidir si lo aceptamos libremente o no. Los
adolescentes son más vulnerables. Por eso intentamos por todos los medios
FORMARLOS (no sólo protegerlos).
Paola quedó con Sergio (también ficticio) una tarde.
Se gustaron en un primer momento. Él compró vino, recordemos que ella tenía ya
17 años, y empezaron a beber. Según lo que declaró el padre, ella no estaba
acostumbrada a beber. Quiso regresar a casa al sentirse mal pero él le aconsejó
que no volviera en ese estado. Entre tanto buscaron una pensión donde pasar la
noche, siguieron bebiendo, ella quiso regresar pero él le quitó el móvil para
que no pudiera llamar a casa y fue encontrándose cada vez peor. Terminaron
durmiendo en casa de un amigo, él la empezó a acosar y ella intentó quitárselo
de encima, cayó dormida y se despertó con claros signos de haber sido violada.
Volvió a casa, puso una denuncia y durante dos o tres días fue sometida a
interrogatorios policiales y exámenes médicos. Sergio afirmó que no hubo
violación sino que fueron relaciones sexuales consentidas. Paola terminó
ahorcándose al tercer día.
Hasta aquí los hechos que aparecieron en la prensa en un artículo tremendamente morboso y mal enfocado. No sabemos más. De
su familia no hemos sabido más que del profundo dolor que sienten.
El suicidio es un tema tremendo que deja una herida
abierta durante toda la vida y muchos interrogantes sin respuesta. ¿POR QUÉ LO
HIZO? ¿CÓMO NO SUPIMOS VER Y ACOMPAÑAR SU PROBLEMA? ¿QUÉ HICIMOS MAL? ¿CUÁL FUE
EL DETONANTE QUE LE LLEVÓ A ESA TERRIBLE DECISIÓN?
Cuando el suicidio es el de una persona joven el dolor
y las preguntas son aún más acuciantes. Su familia, sus amigos, sus profesores...
todos sentimos de alguna manera la culpabilidad de no haber sabido estar, ver y
acompañar.
Nadie entendemos nada, nadie queremos plantearnos
cuáles son los problemas que hay detrás. Yo abordo este tema con dolor y con
miedo. Sólo me pregunto abstrayéndome del caso y de la relación personal, sólo
intento ver más allá de ese “algo que no encaja” que todos suponen.
Nadie cuestiona abiertamente si Paola fue violada o
no, LA MUERTE ya la ha redimido, la ha desculpabilizado.
Todos entendemos que Paola no pudo con la presión, quizá de no sentirse creída o escuchada, y decidió acabar con su vida. Pero ¿qué hubiera pasado (ojalá así fuera) si hubiera seguido con el curso de interrogatorios? ¿Si hubiera tenido que defender a capa y espada que fue una violación, que ella llegó un momento en el que NO quiso seguir adelante?
El tema de las violaciones y de las denuncias falsas por violación es un tema espinoso. Manuel Buendía,
a quien agradezco que me haya cedido el generoso altavoz de su blog, ya lo
planteó en un atinado artículo cuando aún andábamos preguntándonos sobre el
tema a raíz de lo sucedido en Málaga en agosto. En ese caso, que en absoluto
comparo con el que me ocupa, resultó una denuncia falsa, ¡apenas un 0’0038% de todas las denuncias interpuestas
por violación según datos del Consejo General del Poder Judicial! Y aún así,
merece la pena verlo desde otro punto de vista como el que nos presenta “Ruidos y silencios de una violación” y
en el que se hace eco también del suicidio de nuestra alumna. Hay que ir más allá de lo que vemos y
leemos.
Todos entendemos que Paola no pudo con la presión, quizá de no sentirse creída o escuchada, y decidió acabar con su vida. Pero ¿qué hubiera pasado (ojalá así fuera) si hubiera seguido con el curso de interrogatorios? ¿Si hubiera tenido que defender a capa y espada que fue una violación, que ella llegó un momento en el que NO quiso seguir adelante?
¿No hubiéramos tenido que escuchar o incluso habríamos
dicho “Ella se lo buscó.” “Yo nunca
quedaría con alguien a la ligera” “¿Por qué aceptó beber si no le sentaba
bien?” “Si no quería tener sexo ¿por qué buscó una pensión donde pasar la
noche?” “Ella provoca una situación y luego se raja, es una calienta...” “A saber si lo que pretende no es excusarse
con sus padres fingiendo que fue una violación”?
Sí, es duro decir estas palabras que nadie se atreve a
pensar en alto, pero que están en la cabeza de muchas personas, también de las
conocidas.
Todo esto es lo que hubiera tenido que soportar si
Paola hubiera vivido. Pero desgraciadamente no está aquí. Nunca podrá
responderlas, nunca podrá demostrar su inocencia. Nunca podremos reprocharle el
no haber sabido parar a tiempo, el no haberse negado a tiempo (a beber, a ir
más allá...). Ella bebió, como tantos jóvenes; quedó, como tantos otros; perdió
parte de su capacidad de decisión, como tantos... Nos rasgamos las vestiduras,
nos escandalizamos, negamos lo que sucede TODOS LOS DÍAS.
¿Llegó tarde su NO? ¿Cuándo me está permitido parar?
¿Si la situación está muy avanzada no tengo derecho a querer parar? ¿Por qué es
tan difícil entender que quizá antes SÍ quería, pero ahora ya NO? ¿Es ella la
culpable por haberse metido en esa situación? ¿Él no es culpable? ¿Sólo hace lo
que se espera de él: aprovechar la situación que se le ofrece? ¿Le está
permitido abusar de alguien incluso cuando no es consciente de si quiere o no
quiere? ¿Eso es más disculpable, más “comprensible”?
A ella ya no podemos reprocharle nada. Su muerte
parece que nos deja tranquila la conciencia. “Pobre niña, no pudo con la presión”.
Y mientras, acusamos a las chicas de ir provocando,
exhibimos en los medios programas que tratan a unos y a otras como mercancía
que se exhibe y que se subasta; las mismas chicas se acusan unas a otras de
“guarras”, mientras los chicos alardean de sus conquistas. Una sociedad
contradictoria que no duda en condenar, incluso antes de demostrar su inocencia
o su culpabilidad. Una sociedad que cosifica y banaliza las relaciones y luego
lapida al que transgrede las normas. Tú puedes quedar, avanzar y meterte en una
situación peligrosa... pero ¡luego no me vengas con remilgos! Si has llegado
hasta aquí, llega hasta el final.
Soy capaz de hacerme estos planteamientos en
abstracto, pero me resulta durísimo cuando lo suscita el dolor por la pérdida
de alguien cercano, de alguien que ha pasado por tu lado y cuyo dolor no has
sabido ver.
Esta semana haremos un acto en homenaje a Paola, en él
tendrá cabida el dolor que nos produce su muerte, el sinsentido de su final,
los interrogantes que nos suscitan el suicidio de una persona joven...
Probablemente estas reflexiones no tienen lugar en ese foro y en ese momento.
Probablemente ninguno de sus compañeros y compañeras, ninguno de nosotros, sus
profesores, nos las hagamos. Probablemente ni siquiera nos planteemos lo que
realmente pasó, sólo lloraremos su muerte y nuestra ausencia en esos días.
Los docentes no podemos llegar a todo, no podemos
culpabilizarnos de todo, no podemos asumir una responsabilidad que corresponde
a muchos estamentos de la sociedad. Los docentes sólo intentamos enseñar,
acompañar, despertar, ver, estar, ser... Cada sector de la sociedad debe asumir
su parte de responsabilidad: los medios, las instituciones, las familias.
A mí esta muerte me pedía algo más que el dolor, me
pedía una reflexión, me pedía sacudir conciencias, me llenaba de interrogantes.
Quizá sea porque soy profesora de lengua o porque soy la coordinadora de
igualdad o porque soy madre o porque soy mujer o simplemente porque SOY.
PILAR SÁNCHEZ LÓPEZ
Profesora en un IES de Madrid
snchezlpezpilar@gmail.com
snchezlpezpilar@gmail.com























